ene 28, 2026
En el Putumayo hay nombres que no necesitan presentación. William Riascos es uno de ellos. Médico de vocación, amigo del pueblo y rostro de unidad familiar en barrios, veredas y hospitales, el médico ha sabido ganarse el cariño y el respeto de la gente, no con discursos, porque lo critican por sus discursos; el médico es el médico y ese ha sido su sentir de servicio al departamento.
Durante años, muchos han dicho que William debería “quedarse siendo médico”. Y no les falta razón: hace falta, y mucha, gente buena en la salud. Pero esa frase, repetida con frecuencia, también esconde una verdad incómoda: muchas de las necesidades que William ha visto y atendido con bata blanca no se resuelven solo desde un consultorio. Se resuelven con decisiones, con leyes justas y con una voz firme en los espacios donde hoy el Putumayo sigue estando subrepresentado.
Desde el 2023, que dialogue con el médico, entendí que ese Putumayo que atiende en sus consultorios jamás ha sido escuchado, es un Putumayo inconforme, un Putumayo que perdió la credibilidad en la política. El propio William Riascos lo ha dicho con claridad: las necesidades del pueblo deben ser atendidas. Y cuando alguien que ha caminado el territorio, que ha escuchado el dolor de las familias y que conoce de primera mano las fallas del sistema decide dar un paso al frente, no lo hace por ambición, sino por responsabilidad.
Como padre de una menor que necesita de un sistema de salud que responda a las necesidades, tengo fe en que el sistema mejore algún día, como lo quiere el médico y todos los colombianos. Del médico William valoro su amistad; nos saludamos una vez al año, pero nos cuando hablamos nos desatrasamos de todo, como en las populares regatas donde la pasamos bueno con sus hijos y su esposa. El médico ha tenido unos buenos gestos que le agradeceré siempre a pesar de que esté rodeado de personas que lo alejan de la gente.
Cierro mi comentario del Médico, resaltando que no viene de las élites ni de los escritorios lejanos. Es del pueblo, camina como el pueblo y habla como el pueblo. Por eso su aspiración a ser representante del Putumayo no se siente ajena, se siente coherente. Representar es eso: llevar la voz de la gente a donde hoy no siempre llega.
Al final, no serán los rumores ni las opiniones de café los que decidan su destino político. Será el pueblo. El mismo pueblo que lo ha visto trabajar, que lo ha llamado “doctor” es un doctor con cariño y confianza, será quien determine si William Riascos debe pasar del estetoscopio al Congreso de la República.
Porque en democracia, cuando el pueblo confía, el pueblo decide. Y cuando alguien es verdaderamente del pueblo, no teme someterse a su veredicto.
